domingo, 19 de diciembre de 2010

Brave and the Bold de J. Michael Straczynski


J. Michael Straczynski, afamado guionista conocido por su trabajo en televisión y por su innovadora aproximación a personajes de cómic ya clásicos, se une a nuestro compatriota Jesús Saiz para contemplar el Universo DC bajo un nuevo prisma: un lugar donde hasta los excluidos pueden devenir héroes y donde los héroes de siempre –de aspecto imponente gracias a los pinceles de Saiz– libran sus más duras batallas lejos de la mirada agradecida de sus conciudadanos, en el fondo del océano, en una guerra que tiempo atrás se ganó, en un planeta totalmente yermo o bailando un último baile.


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No sé si la popularidad de Straczynski o la de Saiz justifican la edición de este tomo. Es cierto que el guionista con el nombre más difícil de escribir del mundo e la viñeta es un profesional con estupendos trabajos, pero también es cierto que estos número no son parte de esa distinguida selección. The Brave and the Bold es una serie que recoge historias de distintos personajes que comparten una aventura en unas pocas páginas. No se pude decir que de esas páginas, y durante todos los años que ha existido la cabecera, muchas grandes saliesen muchas grandes historias. Este tomo no es una excepción a esa tónica.
No esperaba encontrarme ninguna maravilla ni giro de tuerca al género, pero tampoco esperaba encontrar ese tipo de historias que me hicieran pensar en dinero perdido. La verdad es que son historias pobres, endebles, previsibles, y lo peor de todo, con moralina. Algunas veces, el tono infantil y moralista lleva al sonrojo. Incluso para ser una de las cabeceras de segunda (o tercera) de DC.
Uno de esos ejemplos es una historia de Flash en la que viaja a la Segunda Guerra Mundial y descubre que las guerras son crueles y salvajes. Inmerso en la batalla, se ve obligado a tomar medidas drásticas contra los solado alemanes. “Esto no es un juego y no vale con desarmar a tus enemigos, esto es una guerra”, decide Flash en un momento de giro argumental. Y como con el uniforme de Flash su código moral le impide matar, decide cambiarlo por el de un soldado (fallecido) del ejército americano. Ahora sí, como soldado de mi país ya puedo matar. Si no es para echarse las manos a la cabeza, que venga Straczynski y que lo vea.
No todo en este tomo merece ir directo a la hoguera: existe una aventura que reúne a Aquaman y a Etrigan (tristeza de personajes) y los mezcla con la mitología Lovcraftiana que hará las delicias de aquellos fans de los innombrable y primigenio.

Cierra el tomo la joya de la corona, un relato con Wonder Woman, Zatanna y Bárbara Gordon durante la noche anterior a los acontecimiento de “La Broma Asesina”. Esa sola historia justifica la compra del tomo.
También el trabajo de Jesús Saiz es destacable, muy por encima de lo que estamos acostumbrados a ver en DC, incluso en sus series más punteras. Es un trabajo sólido y de calidad, aunque se pueda echar en falta algo de personalidad. O mejor dicho, que en unas viñetas nos recuerde las personalidad de un dibujante (Carlos Pacheco, sin ir más lejos) mientras que en la viñeta de al lado nos recuerda a otro.
En general, un libro prescindible, sólo apto para curiosos y completistas.

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